
Cuenta la leyenda que el café fue descubierto en Yemen por un pastor que observó que sus cabras se mostraban especialmente agitadas cuando pastaban en una colina cercana dónde descubrió que comían unas bayas que les gustaban particularmente. Se lo explicó al prior del convento, quien decidió experimentar y prepararse un brebaje con aquel extraño fruto. El resultado fue asombroso: no solamente su cuerpo se vio invadido por una gran alegría sino que tomándola después de las comidas conseguía mantener su mente despierta. Rápidamente, la bebida mágica se convirtió en un hábito cotidiano y los monjes la llamaron kawa.
La historia confirma que las primeras plantas de café fueron conreadas cerca del siglo XI en las zonas de regadío del Yemen, cerca del Mar Rojo, y desde allí se extendió al norte de la península arábiga. No fue hasta finales del siglo XVI, que el café llegó a Europa cuando los mercaderes venecianos lo introdujeron como medicamento y en 1683, se inauguró el primer salón para tomar café en esa misma ciudad.